Nacidos de la luz, hijos del día,
vamos hacia el Señor de la mañana.
Su claridad disipa nuestras sombras
y alegra y regocija nuestras almas.
Que nuestro Dios, el Padre de la gloria,
nos libre para siempre del pecado,
y podamos así gozar la herencia
que nos legó en su Hijo muy amado.
Honor y gloria a Dios, Padre celeste,
por medio de su Hijo Jesucristo,
y al Don de toda luz, el Santo Espíritu,
que vive por los siglos de los siglos. Amén.
Fray Marinko Šakota: «Cuando el amor en el corazón es fuerte, las manos se
abren y están dispuestas a abrazar al otro, a perdonar y a ayudar»
-
«¡Queridos hijos! El veneno del egoísmo y del odio reina en los corazones
humanos y por eso no tienen paz.…
Leer Más Fray Marinko Šakota: «Cuando el amor ...
Hace 5 días

No hay comentarios:
Publicar un comentario