
Vivir en el Espiritu (Gl.5,22-25) - Carta de San Pablo a los Gálatas - P.Miguel Pastorino
5:22 Por el contrario, el fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza,
5:23 mansedumbre y temperancia. Frente a estas cosas, la Ley está de más,
5:24 porque los que pertenecen a Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y sus malos deseos.
5:25 Si vivimos animados por el Espíritu, dejémonos conducir también por él.
La poda (Jn.15) - P.Gonzalo Abadie - "SI TU SUPIERAS"

MENSAJE DEL PAPA BENEDICTO XVI PARA LA CUARESMA 2011.
1. Esta misma vida ya se nos transmitió el día del Bautismo, cuando «al participar de la muerte y resurrección de Cristo» comenzó para nosotros «la aventura gozosa y entusiasmante del discípulo» (Homilía en la fiesta del Bautismo del Señor, 10 de enero de 2010). San Pablo, en sus Cartas, insiste repetidamente en la comunión singular con el Hijo de Dios que se realiza en este lavacro. El hecho de que en la mayoría de los casos el Bautismo se reciba en la infancia pone de relieve que se trata de un don de Dios: nadie merece la vida eterna con sus fuerzas. La misericordia de Dios, que borra el pecado y permite vivir en la propia existencia «los mismos sentimientos que Cristo Jesús» (Flp 2, 5) se comunica al hombre gratuitamente.
El Apóstol de los gentiles, en la Carta a los Filipenses, expresa el sentido de la transformación que tiene lugar al participar en la muerte y resurrección de Cristo, indicando su meta: que yo pueda «conocerle a él, el poder de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos» (Flp 3, 10-11). El Bautismo, por tanto, no es un rito del pasado sino el encuentro con Cristo que conforma toda la existencia del bautizado, le da la vida divina y lo llama a una conversión sincera, iniciada y sostenida por la Gracia, que lo lleve a alcanzar la talla adulta de Cristo.
Santo Rosario rezado por el Beato Juan Pablo II
Himno a la Virgen de la Medalla Milagrosa

Coro
Míranos, ¡oh, Milagrosa!
Míranos, Madre de amor.
Míranos, que tu mirada
nos dará la salvación.
Son tus ojos los luceros
que en la noche del dolor,
dan alimento y esperanza
al humano corazón.
De tus manos extendidas
brotan rayos de fulgor:
son las gracias escogidas
que a tus hijos da el Señor.
¡Milagrosa! La plegaria
que a ti sube en un cantar,
a nosotros, vuelva transformada
en celeste bendición.
Te coronan las estrellas
con un nimbo de esplendor:
eres Reina de belleza,
de bondad y de perdón.


